domingo, 26 de agosto de 2012


ASIGNATURA: SEMIOLOGÍA Y RETÓRICA VISUAL
 -2012-

TRABAJO PRÁCTICO Nº 1

1.      CONCEPTO DE SEMIOLOGÍA, SEGÚN ROLAND BARTHES[1]

FRAGMENTO Nº 1[2]

Un vestido, un automóvil, un plato cocinado, un gesto, una película cinematográfica, una música, una imagen publicitaria, un mobiliario, un titular de diario, de ahí objetos en apariencia totalmente heteróclitos.
¿Qué pueden tener en común? Por lo menos esto: son todos signos. Cuando voy por la calle -o por la vida- y encuentro estos objetos, les aplico a todos, sin darme cuenta, una misma actividad, que es la de cierta lectura: el hombre moderno, el hombre de las ciudades, pasa su tiempo leyendo. Lee, ante todo y sobre todo, imágenes, gestos, comportamientos: este automó-vil me comunica el status social de su propietario, esta indumentaria me dice con exactitud la dosis de conformismo, o de excentricidad de su portador, este aperitivo (whisky o vino blanco) el estilo de vida de mi anfitrión (…).
Todas estas «lecturas» son muy importantes en nuestra vida, impli­can demasiados valores sociales, morales, ideológicos, para que una reflexión sistemática pueda dejar de inten-tar tomarlos en considera­ción: esta reflexión es la que (…) llamamos SEMIOLOGÍA ¿Ciencia de los mensajes sociales? ¿De los mensajes cultura­les? ¿De las informaciones de segundo grado? ¿Captación de todo lo que es «teatro» en el mundo, desde la pompa eclesiástica hasta el corte de pelo de los Beatles, desde el pijama de noche hasta las vicisitudes de la política internacional? Poco importa por el momento la diversidad o fluctuación de las definiciones. Lo que importa es poder someter a un principio de clasificación una masa enorme de hechos en apariencia anárquicos, y la significación es la que suministra este principio: junto a las diversas deter-minaciones (económicas, históricas, psicológicas) hay que prever ahora una nueva cualidad del hecho: el sentido.
El mundo está lleno de signos, pero estos signos no tienen todos la bella simplicidad de las letras del alfabeto, de las señales del código vial o de los uniformes militares: son infini-tamente más complejos y sutiles (…)
Descifrar los signos del mundo quiere decir siempre luchar contra cierta inocencia de los objetos (…) es necesaria una sacudida incesante de la observación para adaptarse, no al con-tenido de los mensajes sino a su hechura. Dicho brevemente: el semiólogo, como el lingüista, debe entrar en la «cocina del sentido».
Esto constituye una empresa inmensa. ¿Por qué? Porque un sentido nunca puede analizarse de manera aislada. Si establezco que el blue-jean es el signo de cierto dandismo adolescente, o el puchero, fotografiado por una revista de lujo, es de una rusticidad bastante teatral, y si llego a multiplicar estas equivalencias para constituir listas de signos como las columnas de un diccionario, no habré descubierto nada nuevo. Los signos están constituidos por diferencias.
Al comienzo del proyecto semiológico se pensó que la tarea principal era, según la fórmula de Saussure, estudiar la vida de los signos en el seno de la vida social, y por consiguiente reconstituir los sistemas semánticos de objetos (vestuario, alimento, imágenes, rituales, protocolos, músicas, etcétera). Esto está por hacer. Pero al avanzar en este proyecto, ya inmenso, la semiología encuentra nuevas tareas: por ejemplo, estudiar esta misteriosa operación me-diante la cual un mensaje ­cualquiera se impregna de un segundo sentido, difuso, en general ideológico, al que se denomina «sentido connotado (…)
Si las tareas de la semiología crecen incesantemente es porque de hecho nosotros descubrimos cada vez más la importancia y la extensión de la significación en el mundo; la significación se convierte en la manera de pensar del mundo moderno (…).
FRAGMENTO Nº 2[3]

(…) la semiología tiene como objeto todo sistema de signos, cualquiera sea su sustancia (…): las imágenes, los gestos, (…) los espectáculos constituyen, si no verdaderos “lenguajes”, por lo menos sistemas de significación (…)

2.       FRAGMENTO Nº 3[4]: PRIMERA APROXIMACIÓN A LA RETÓRICA

(…) Todo lo que usted quiera, si señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como acei-tunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cor-dilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, como religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasa-ban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.




CONSIGNAS
3.      Lean los fragmentos 1 y 2, analicen las partes escritas con negrita y construyan un con-cepto de Semiología
4.      Señalen qué entiende Barthes por: signo, lectura, “cocina del sentido” y sentido.
5.      Definan con sus palabras el término heteróclito.
6.      Con respecto al fragmento Nº 3: ¿ qué diferencias advierten entre el uso cotidiano que hacemos del lenguaje y el tratamiento del mismo por Neruda?







[1]  Roland Barthes (1915 - 1980), escritor, ensayista y semiólogo francés.
[2]  BARTHES, Roland (1993), La aventura semiológica, Buenos Aires, Paidós Comunicación, pp.  223-225.
[3]  BARTHES, Roland y otros (1974), La Semiología, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, p. 11.
[4]  NERUDA, Pablo (1974), Confieso que he vivido, Buenos Aires, Losada, pp. 73-74.

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