ASIGNATURA:
SEMIOLOGÍA Y RETÓRICA VISUAL
-2012-
TRABAJO PRÁCTICO Nº 1
FRAGMENTO Nº 1[2]
Un vestido, un automóvil, un plato cocinado,
un gesto, una película cinematográfica, una música, una imagen publicitaria, un
mobiliario, un titular de diario, de ahí objetos
en apariencia totalmente heteróclitos.
¿Qué pueden tener en común? Por lo menos esto: son todos signos. Cuando voy por la
calle -o por la vida- y encuentro estos objetos, les aplico a todos, sin darme
cuenta, una misma actividad, que es
la de cierta lectura: el hombre moderno, el hombre
de las ciudades, pasa su tiempo leyendo. Lee, ante todo y sobre todo, imágenes,
gestos, comportamientos: este
automó-vil me comunica el status
social de su propietario, esta indumentaria me dice con exactitud la dosis de conformismo,
o de excentricidad de su portador, este aperitivo (whisky o vino blanco) el
estilo de vida de mi anfitrión (…).
Todas estas «lecturas» son muy importantes en
nuestra vida, implican
demasiados valores sociales, morales, ideológicos, para que una reflexión
sistemática pueda dejar de inten-tar tomarlos en consideración: esta reflexión
es la que (…) llamamos SEMIOLOGÍA ¿Ciencia
de los mensajes sociales? ¿De los mensajes culturales? ¿De las informaciones
de segundo grado? ¿Captación de todo lo que es «teatro» en el mundo, desde la
pompa eclesiástica hasta el corte de pelo de los Beatles, desde el pijama de
noche hasta las vicisitudes de la política internacional? Poco importa por el
momento la diversidad o fluctuación de las definiciones. Lo que importa es
poder someter a un principio de clasificación una masa
enorme de hechos en apariencia anárquicos, y la significación es la que suministra este principio: junto a las
diversas deter-minaciones (económicas, históricas, psicológicas) hay que prever
ahora una nueva cualidad del hecho: el
sentido.
El mundo está lleno de
signos, pero estos signos
no tienen todos la bella simplicidad de las letras del alfabeto, de las señales
del código vial o de los uniformes militares: son infini-tamente más complejos
y sutiles (…)
Descifrar los signos del
mundo quiere decir siempre luchar contra cierta inocencia de los objetos (…) es necesaria una sacudida incesante de la
observación para adaptarse, no al con-tenido de los mensajes sino a su hechura. Dicho brevemente: el
semiólogo, como el lingüista, debe entrar en la «cocina del sentido».
Esto
constituye una empresa inmensa. ¿Por qué? Porque un sentido nunca puede analizarse de manera aislada. Si establezco
que el blue-jean
es el signo de cierto dandismo adolescente, o el puchero,
fotografiado por una revista de lujo, es de una rusticidad bastante teatral, y
si llego a multiplicar estas equivalencias para constituir listas de signos
como las columnas de un diccionario, no habré descubierto nada nuevo. Los signos están constituidos por diferencias.
Al
comienzo del proyecto semiológico se pensó que la tarea principal era, según la
fórmula de Saussure, estudiar la vida de los signos en el seno de la vida
social, y por consiguiente reconstituir los sistemas semánticos de objetos
(vestuario, alimento, imágenes, rituales, protocolos, músicas, etcétera). Esto
está por hacer. Pero al avanzar en este proyecto, ya inmenso, la semiología encuentra nuevas tareas: por
ejemplo, estudiar esta misteriosa operación me-diante la cual un mensaje cualquiera
se impregna de un segundo sentido, difuso, en general ideológico, al que se
denomina «sentido connotado (…)
Si las tareas de la
semiología crecen incesantemente es porque de hecho nosotros descubrimos cada
vez más la importancia y la extensión de la significación en el mundo; la significación se convierte en la
manera de pensar del mundo moderno (…).
FRAGMENTO Nº 2[3]
(…) la semiología tiene como objeto todo sistema de signos, cualquiera
sea su sustancia (…): las imágenes, los gestos, (…) los espectáculos
constituyen, si no verdaderos “lenguajes”, por lo menos sistemas de
significación (…)
(…) Todo lo que usted
quiera, si señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan…
Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las
derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se
esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como
piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal,
rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi
poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las
pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas,
vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como acei-tunas… Y
entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las
emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos
de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola…
Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se
trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase
que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso,
plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el
río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y
recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué
buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos…
Estos andaban a zancadas por las tremendas cor-dilleras, por las Américas encrespadas,
buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos
fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se
lo tragaban, como religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que
ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasa-ban quedaba arrasada la
tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los
yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se
quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando…
Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron
todo… Nos dejaron las palabras.
CONSIGNAS
3.
Lean los fragmentos 1 y 2, analicen las partes
escritas con negrita y construyan un con-cepto
de Semiología
4.
Señalen qué entiende Barthes por: signo, lectura, “cocina del sentido” y
sentido.
5.
Definan con sus palabras el término heteróclito.
6.
Con respecto al fragmento Nº 3: ¿ qué
diferencias advierten entre el uso cotidiano que hacemos del lenguaje y el tratamiento
del mismo por Neruda?
[2] BARTHES, Roland (1993), La
aventura semiológica, Buenos Aires, Paidós Comunicación, pp. 223-225.
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